Los robotaxis, taxis sin conductor basados en inteligencia artificial, podrían empezar a circular en varias ciudades europeas a partir de 2026. Grandes compañías como Uber, Waymo o fabricantes asociados a Stellantis ya trabajan en pilotos para introducir esta tecnología en entornos urbanos.
La tecnología ha avanzado mucho, pero aún presenta fallos preocupantes: vehículos que se quedan bloqueados, errores de interpretación del tráfico o incluso casos de circulación en sentido contrario en pruebas reales. Todo ello ha reavivado el debate sobre si los sistemas de conducción autónoma están realmente preparados para operar sin supervisión humana.
Aunque fuera de Europa, un incidente en San Francisco con robotaxis de Waymo durante un apagón mostró vulnerabilidades reales: varios vehículos se detuvieron en intersecciones sin tráfico funcional y quedaron bloqueando el tráfico, lo que generó dudas sobre la capacidad de estos sistemas para manejar situaciones de emergencia. Esto ha alimentado el debate sobre si los robotaxis están listos para operar de forma completamente autónoma en entornos urbanos complejos.
Situaciones como estas han reforzado que la tecnología aún requiere supervisión humana o modos de contingencia mejor definidos antes de un despliegue generalizado.
Además de los problemas técnicos, existe una fuerte controversia social:
la llegada de los robotaxis podría suponer la sustitución progresiva de miles de conductores profesionales, generando incertidumbre laboral en sectores como el taxi o el VTC.
Por ahora no hay fechas oficiales, pero si la Unión Europea aprueba el marco legal en 2026, España podría ser uno de los países en sumarse a esta nueva movilidad.
Los robotaxis prometen cambiar la forma en que nos movemos por la ciudad, pero también abren un debate clave:
¿estamos preparados para confiar en máquinas y prescindir de personas al volante?
