Muchos conductores creen que ajustan correctamente los retrovisores… pero en realidad dejan zonas sin visibilidad que pueden provocar situaciones de riesgo al cambiar de carril o incorporarse.
Estos espacios se conocen como ángulos muertos o puntos ciegos, y aunque no pueden eliminarse por completo, sí pueden reducirse mucho con un ajuste adecuado de los espejos.
El ángulo muerto es la zona alrededor del vehículo que no puedes ver ni directamente ni a través de los retrovisores.
Es especialmente peligroso en maniobras como:
Un coche, una moto o incluso un ciclista pueden quedar ocultos durante unos segundos… justo cuando más necesitas verlos.
Una de las claves está en abrir más los espejos laterales. Muchas personas los colocan viendo parte de la carrocería del propio coche, pero eso reduce el campo de visión útil.
Debe mostrar la luneta trasera completa y centrada.
Inclínalo hacia fuera hasta que apenas veas (o dejes de ver) el lateral de tu coche.
Haz lo mismo: más abierto de lo habitual, cubriendo el carril contiguo y parte del lateral.
La idea es que, cuando un vehículo desaparezca del espejo interior, aparezca inmediatamente en uno de los laterales.
Aunque ajustes bien los retrovisores, el punto ciego nunca desaparece del todo.
Por eso, antes de cambiar de carril conviene hacer una rápida comprobación visual por encima del hombro. Ese gesto de apenas un segundo puede evitar muchos accidentes.
Muchos coches modernos incorporan ya asistentes de ángulo muerto, con sensores que alertan mediante una luz en el retrovisor cuando detectan otro vehículo cerca.
Son una gran ayuda, pero no sustituyen una correcta regulación de los espejos ni la atención del conductor.
Ajustar los retrovisores solo lleva unos segundos y puede marcar una gran diferencia en carretera.
Si hace tiempo que no revisas su posición, quizá hoy sea un buen momento para hacerlo.
