La Unión Europea aprobó que a partir de 2035 solo se puedan vender coches nuevos sin emisiones de CO₂, lo que en la práctica supone el fin de los motores de gasolina y diésel. Sin embargo, el consenso se está rompiendo y cada vez más países y fabricantes cuestionan si esta fecha es realmente viable.
Estados como Alemania, Italia o Portugal han pedido revisar la norma y permitir excepciones o retrasar el objetivo. Los fabricantes alertan de que:
La Comisión Europea estudia cambiar el veto total por un objetivo de reducción del 90 % de emisiones, permitiendo motores residuales o combustibles sintéticos. Esto supondría retrasar, de facto, el adiós definitivo a la combustión.
Mientras gobiernos y marcas piden flexibilidad para proteger empleo e industria, organizaciones ecologistas denuncian que incluso 2035 es tarde para cumplir los objetivos climáticos.
El futuro de los coches de combustión en Europa ya no está tan claro.
El debate está abierto: ¿mantener 2035 o ganar unos años más para una transición menos traumática?
La industria del automóvil pide más tiempo para adaptarse a la transición eléctrica.